
Hace unos 4.000 millones de años comenzó una gran aventura (¿o un experimento del Universo??) en el planeta Tierra. La CIENCIA CLÁSICA, no se pone de acuerdo en el origen o en cómo surgió la vida. Existen diversos enfoques, pero actualmente va cobrando cada vez más fuerza la Teoría de la Panspermia, según la cual la materia viva se habría generado o creado en ciertas zonas del universo y desde allí habrían ido llegando a otras y colonizando los planetas. Se sabe que actualmente llegan moléculas y hasta formas de vida unicelulares en los meteoritos que viajan a través del espacio, y esto es un hecho probado. También es posible que las condiciones iniciales se dieran en muchos de los millones de mundos a la vez y luego se fueran expandiendo a lo largo de Universo, porque si algo está más que claro a estas alturas, es que nuestro planeta no es el único lugar donde existe la manifestación energética de la vida.

Si realizamos un acercamiento más Espiritual, el mundo sería como un aprendizaje para el alma que reside en la materia. Las carcasas físicas que son los cuerpos, funcionan como una manera de interrelacionarse con otras almas, que son las capas energéticas que recubren esa chispa inicial o espíritu, puede que para llegar a la comprensión de algo más grande que nuestra propia existencia y llegar a la conciencia del TODO.
Lo cierto es que una de las características que define la vida es que tiende a la supervivencia y a perpetuarse, creando cada vez más manifestaciones características de su vibración. Tras la aparición de las primordiales moléculas simples y los primeros seres casi unicelulares que sobrevivían en una especie de “sopa primigenia”, los organismos autótrofos eran capaces por sí mismos de aprovechar la luz del sol y todos los compuestos inorgánicos para formar materia viva. Estos evolucionaron en algas y plantas, que generaron una atmósfera idónea para la aparición de tipos heterótrofos, los cuales aprovecharon la materia orgánica que tenían a su disposición de los primeros en su propio beneficio. En realidad, se produjo una especie de parasitaje energético en forma de comerse unos a otros. De esta manera surgió la COMPETENCIA, LA CADENA TRÓFICA y la lucha por la supervivencia. En todo el planeta, existe un delicado equilibrio entre seres que captan la energía solar y junto con las moléculas inorgánicas generan la materia orgánica que aportan al ecosistema terrestre, y los que siendo incapaces de hacer esto, se aprovechan de los primeros. LA TIERRA ESTA VIVA. Las complejas relaciones ecológicas no son la materia de este libro, y el lector puede encontrar mucha literatura al respecto, pero como Terapeutas Energéticos, debemos honrar y respetar a GEA que es nuestro hogar, y, de hecho, si queremos ser capaces de sanar con energía de alta vibración tenemos que mantener nuestro cuerpo, mente y espíritu acorde con ello. El respeto y tratamiento ético a todas las especies del planeta, y todas las que pueda haber en el Universo, es un pilar básico para mantener ese estado de alta vibra, sin el cual el Reiki, por ejemplo, no será eficaz.

Energéticamente, no toda la materia viva mantiene igual vibración. Los componentes de los vegetales oscilan en una onda energética muy superior a la de la materia animal, que es mucho más densa y pesada, y se descompone con más facilidad cuando cesa el estado de “VIDA”. Esto lo podemos comprobar fácilmente si paseamos por un bosque o abrazamos un árbol, casi de manera inmediata nuestra propia frecuencia comienza a elevarse y se energiza y equilibra el organismo completo a través de los crakras. Existen estudios que demuestran que 20 minutos de paseo entre los árboles activa nuestro sistema inmunológico. Esta activación permanece durante unos 4 o 5 días para luego ir poco apoco disminuyendo.
Si deseamos ser buenos terapeutas debemos mantener nuestro sistema acorde con ser un canal lo más puro posible y de Akasha limpia, ya que al ser fuertemente magnética atraeremos y vibraremos en consonancia. Hay varios factores sobre los que podemos actuar en este punto, como pueden comprobar en cualquier manual de Reiki y Terapias Energéticas,(meditación, espiritualidad, etc.), pero centrando el tema que nos ocupa, en este caso voy a hacer especial mención a lo que comemos y al trato que damos a los demás seres vivos del planeta.

Existen ciertos alimentos que ayudan a mantener un estado vibracional alto y apoyan la armonía del espíritu, mientras que otros tienden a desarmonizarlo bajando nuestra frecuencia, lo que puede acarrear multitud de enfermedades. Este es el caso de alimentarnos comiendo animales (tanto carnes como peces). Desde el punto de vista hinduista, alimentarse de esa manera, ensucia el cuerpo, la mente y el espíritu. Se ha comprobado que al ingerir estos seres que han muerto con dolor, esa impresión energética que ha quedado grabada en la materia orgánica se transmite y se queda estancada en nuestro sistema, afectándolo gravemente y produciendo desequilibrios y enfermedades, además de generar Karma.
Aparte de los condicionamientos espirituales y éticos, culturales o aprendidos, desde el punto de vista fisiológico y biológico, nuestro cuerpo no está adaptado para asimilar ciertos alimentos, ya que nuestro sistema digestivo y enzimas no están preparados para ello. Por ejemplo, uno de los efectos colaterales de esta forma de comida, es que su organismo se acidifica, lo que puede ocasionar múltiples problemas de salud. Asimismo, en ese entorno, nuestros propios microorganismos se desmadran y pueden producir infecciones y diversas enfermedades graves, es decir, nuestra flora microbiana en entornos ácidos entiende que el cuerpo ha muerto, y literalmente comienza a atacarlo desde dentro.
Otro dato importante que apoya esta cuestión, es que el ser humano no produce uricasa, una importantísima enzima que sí está presente en todos los carnívoros y en gran parte de los animales omnívoros (como muchas especies de primates), y que tiene la indispensable función de descomponer las purinas y el ácido úrico producido con el consumo de carne. Al no poder descomponer estas peligrosas sustancias, estas se acumulan y ocasionan enfermedades como gota, artritis y otras. A su vez, nuestra saliva si genera ptialina, la enzima química necesaria para digerir los almidones la cual no se encuentra en las especies carnívoras. Los intestinos de un carnívoro son relativamente cortos en comparación con su cuerpo, tan solo tres veces el largo de su tronco, debido a que están preparados para que su alimentación realice un tránsito rápido por ellos, ya que la carne y pescado se pudren rápidamente y se descomponen con mucha más facilidad (materia de baja y densa vibración). Los intestinos de los herbívoros, y los del ser humano, por el contrario, son largos, llegando a medir 12 veces la longitud del cuerpo, ya que están preparados para asimilar lentamente los alimentos vegetales y extraer los compuestos nutritivos, de manera que, al comer materia animal, los residuos ácidos de una larga digestión, pasan a la sangre en vez de eliminarse. A su vez, al quedarse tanto tiempo en el cuerpo, fermentan y hacen que asimilemos muchos tóxicos. Es decir, el consumo de carne y pescado literalmente promueve la intoxicación y envenenamiento del cuerpo. Otros órganos como el hígado o el bazo, no eliminan los ácidos de la misma forma o con la rapidez que un carnívoro ya que no están diseñados evolutivamente para ello, con lo que trabajan a más ritmo con el deterioro que esto supone. Además, se ven obligados a usar las reservas de minerales alcalinos como el calcio para luchar contra la peligrosísima acidificación del cuerpo, con lo que, como efecto rebote, el consumo de leche y productos lácteos, por ejemplo, irónicamente, puede producir a la larga osteoporosis. Diversas reacciones de estos minerales con los ácidos hacen que se acumulen en los tejidos blandos y arterias lo que tiende a generar arteriosclerosis.

El ser humano, no es una especie carnívora. Es posible que antropológicamente, se adaptase a comer casi cualquier cosa en épocas de hambre. Se sabe de pueblos aborígenes que comen tierra en caso de necesidad, y también de ciertas culturas que practican el canibalismo incluso hoy en día. A la luz de las últimas investigaciones parece ser que nuestros antepasados homínidos eran vegetarianos estrictos, de hecho, con una dieta vegetariana o vegana, podemos conseguir una dieta totalmente equilibrada. Existen una serie de componentes imprescindibles para la vida que necesitamos incorporar a través de la alimentación como son los aminoácidos y todos ellos podemos encontrarlos en la comida vegetal. Por el contrario, los carnívoros sí necesitan comer animales, ya que su organismo está adaptado a ello y no pueden conseguir esas moléculas de las plantas. En cuanto a la controvertida vitamina B12, cuando se realizan cultivos en tierras que no han sido empobrecidas o que son cultivadas ecológicamente, el resultado es que el producto obtenido contiene suficiente cantidad y está totalmente balanceado para las necesidades humanas. Hoy en día, debido a la degeneración de los campos por el uso de pesticidas y productos sintéticos, casi todos los productos vegetarianos o veganos deben ser enriquecidos con vitaminas del grupo B para evitar su carencia. En lo posible le recomiendo consumir siempre alimentos ecológicos o biodinámicos, ya que preservan toda la calidad, las vitaminas y componentes, se cultivan con respeto por el medio ambiente lo cual contribuye a elevar nuestra vibración energética, y no contienen peligrosos tóxicos ni venenos para el organismo.
También existen, lógicamente, otra serie de motivos tan importantes o más como los descritos anteriormente y de base ética y moral, o incluso de creencias (como en el hinduismo) para no alimentase de esta manera, tales como el trato que damos a ciertas especies en las granjas, o el pensar que nos estamos aprovechando del sufrimiento de otros seres, lo cual desde el punto de vista de un Sanador Energético resulta un contrasentido.
Si le resulta difícil o no desea dejar de comer animales, le sugiero, como opción, que disminuya en lo posible su consumo, lo cual ya es una propuesta incluso de la medicina convencional para evitar múltiples enfermedades. Su cuerpo, su mente y su espíritu se lo agradecerán, y se notará mucho más sano, más joven y longevo y más en consonancia con el Universo. Como ha comentado un famoso Chef en más de una ocasión, después de comer un plato de verduras exquisitamente preparadas, se sentirá estupendamente, mucho más sano…y mejor persona.

Además de la alimentación, también debemos establecer una relación de dimensión diferente con todos los demás seres que conviven con nosotros en este planeta. Cualquier tipo de práctica que conlleve sufrimiento animal o vegetal deberían ser eliminado de nuestro tipo de vida. El respeto por todo habitante del Universo como un igual tiene que estar en nuestra mente y actitud en todas las facetas de nuestro día a día. Les aseguro que esto produce una gratificación y una felicidad inmensas.
AVATÂRA
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Del libro: «Reiki y salud en animales»
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